Destacan sobre todas las fiestas las dedicadas al patrón de La Villa de Don Fadrique, el Santísimo Cristo del Consuelo que se celebran el segundo fin de semana de septiembre, cuando el verano empieza a dar sus últimos coletazos.
Tras el novenario, del 1 al 9 de septiembre, llega la víspera con
Miserere y pólvora el 10 de ese mismo mes. El día más fuerte es el 11 en el que se conmemora la festividad con una Solemne Eucaristía y a continuación una procesión multitudinaria donde el fervor religioso, la tradición y veneración se unen para acompañar a la imagen de un Cristo que ha obrado numerosos milagros en La Villa de Don Fadrique, algunos de ellos recordados año tras año desde el pasado 17 de mayo de 1925 cuando el patrón fadriqueño salvó de una pertinaz sequía los habitantes de este lugar.
Suceden al día del patrón de La Villa de Don Fadrique, los días 12 y 13 de septiembre con festejos populares, verbenas, concurso, conciertos, exposiciones, competiciones deportivas, festejos taurinos y todo lo propio de unas ferias y fiestas patronales para concluir con una gran traca fin de fiestas en la Plaza Mayor el 13.
A esta fiesta se une el Carnaval, cuyo desfile grande desde hace seis años se celebra el sábado de Piñata, posterior al Miércoles de Ceniza, ya comenzada la Cuaresma. Una veintena de comparsas visten de colorido y ambiente de fiesta, con música, bailes, disfraces y carrozas, las principales calles de la población.
Además, la Semana Santa se venera con especial pasión, mientras que también se celebran otras fiestas como la de San Isidro el 15 de mayo, Santa Ana, en julio, o la Navidad.
Otras fiestas y tradiciones que aún perduran son la celebración de la Candelaria el 2 de febrero, las hogueras de San Marcos en la noche del 24 al 25 de abril, el Carnaval y la Semana Santa con sus desfiles y procesiones, y la verbena de Santa Ana el 26 de julio, teniendo especial énfasis la conmemoración del Milagro del Cristo del Consuelo el 17 de mayo en el que se hace una pequeña fiesta con ofrenda floral al benefactor patrón de la población fadriqueña que en 1925 sacaron por las calles del municipio en rogativas para que lloviese.
Dice la tradición que en el transcurso de la misma, y cuando se llegó al Pozo de los Caramelos, donde está situada la Copa del Agua, grandes nubarrones se alzaron sobre el cielo fadriqueño y comenzó a caer un diluvio que dejó a todos los presentes empapados de agua. Ese agua salvó las cosechas de cereales, vid y olivo, y, por supuesto, no provocó ningún resfriado a los que allí estuvieron.










